martes, 14 de enero de 2014

EL MAR | Poema N#4


No hay poema.
Es un mar desecho.
Se perdieron los versos, se borraron los cuentos.


Sigue leyendo lo demás del blog.

miércoles, 8 de enero de 2014

ESTOY CANSADO | Monólogo N#13


ESTOY CANSADO

    Es en ese momento en que me pongo a pensar, ¿qué coño estoy haciendo con mi vida? Todos los días sigo la misma rutina, y no me lleva a ningún sitio. Soy despreocupado y eso no debería estar bien del todo; un maldito flojo que podría ser un bueno para nada y desempleado en un futuro.

    Paso la madrugada en la computadora haciendo cualquier cosa al azar, pero llega un momento en que te cansas de ello, o te cansas de todo..., no es como si de repente comenzara a tomar más interés por otras cosas como los estudios o algo así. Aunque no sería malo si eso pasara; será difícil.

    Siempre me he preguntado cómo las personas pasan su día a día haciendo lo mismo, ¿es que acaso no les cansa? ¿no les aburre?

    Nunca pensé que llegaría el momento en el que me cansara de tanta vagancia, tengo que ponerme a hacer algo.

    Paso pestañas del navegador, abro nuevas, cierro otras, en busca de algo con qué distraerme, pero sólo consigo aburrirme más. ¿Un pasó más a la evolución personal? Simplemente no encuentro qué más hacer.

    Escribir me mantiene ocupado, me gusta de hecho. Por algo me considero escritor, ¿o no? Aunque claro, no seré un escritor de verdad hasta que me gane el pan con ello; malditos sueños.

    Malditos y benditos a la vez, te dan la motivación de seguir más allá, de caminar y de surgir. Pero a la vez pueden destruirte sin razón, haciendo que no los cumplas. Los sueños no se tratan de quedarte soñando despierto el momento en que lo logres. Ese día no va a llegar si te sigues distrayendo de esa forma, pensando en cuantas tonterías se te vengan a la mente.

    Obviamente hablo de mí mismo en este escrito, pero también puedo estar hablando de otras personas. No soy el único al que le pasa eso, o por lo menos eso espero.

    ¿Qué piensas de esas personas que se destruyen la vida y la mente con preocupaciones absurdas, que no te llevan a ningún lado? Y esas preocupaciones hacen que de repente tu carácter se vuelva despreocupado hacia los demás, hacia lo que te rodea. No te importa una mierda nada, es lo que quiero decir. Ni siquiera tus seres queridos.

    Debería empezar a cambiar.

Todos deberíamos empezar a cambiar.

    Ya perdí la cuenta de cuántas series he visto en este cuasi-eterno letargo frente al computador. Historias van, historias vienen. Y las voy olvidando una a una, y de repente todo se vuelve cliché y no le encuentras el sentido a las series que estás viendo, película, o lo que sea.

    Eso me pasa, es otro ejemplo de todo lo que me cansa de esta rutina.

    Tengo el presentimiento de que si sigo escribiendo esto se va a volver una obra repetitiva, y leerla daría mucha pereza.

    Hah..., un suspiro escrito....

Ya me cansé de tanta mierda.

lunes, 16 de diciembre de 2013

CARTA ENCONTRADA EN EL BOSQUE - Relato Corto N#9


CARTA ENCONTRADA EN EL BOSQUE

   Me acuerdo cuando Samanta hablaba, no paraba de gritar diciendo que su novio vendría a salvarla..., pobre ingenua.

   Me pregunto cómo lo iba hacer, digo, estando en un sitio abandonado a más de 700km de la ciudad.

   Pero esas son sandeces, cosas que no debería contar...

   Yo la amaba, velaba por ella siempre, desde la secundaria. Me encantaba verla sonreír, me encantaba oírla reír, decir cada cosa con emoción. Pero claro, yo era sólo su amigo, su mejor amigo, ¿qué más decir? Es otra historia cliché de amor no correspondido.

   Yo no contaba con que mis pensamientos se salieran de control después de un tiempo y todo derivara a una obsesión, aunque eso sigue siendo cliché. Me importa un comino.

   Le dije dulcemente cuando la llamé a su ventana “Samanta, vamos”. Ella bajó y preguntó adónde iríamos, yo le dije “a un sitio especial”. En realidad yo pensaba confesarme y dejarlo todo por la paz, pero una vez más, mis pensamientos se salieron de control.

   La dejé inconsciente después de tocarle un punto de presión en el cuello; yo sólo me limitaba a observarla, de pies a cabeza; a abrazarla.

   “Esto no tiene por qué ser así” Me dijo ella, luego de encontrarse amarrada en un sitio desconocido.

   Yo miraba al suelo, todo el tiempo miraba al suelo mientras ella hablaba. De un momento a otro me la quedé mirando fijamente.

   Sentí cómo sus latidos se iban haciendo más rápidos con cada paso que daba hacia ella, eso me ponía, no puedo negarlo.

   Cuando toqué su carita delicadamente, tomé fuerzas y le dije lo mucho que la amaba. Pero ella sólo lloraba, no puedo culparla, no sabría lo que pasaría más adelante, la incertidumbre la hacia llorar.

   Fue entonces cuando vio un cuchillo guindado en mi cintura, se puso histérica, pataleaba, gritaba, lloraba.

   Utilicé ése mismo cuchillo para cortar la soga que la ataba, abrí una diminuta herida en mi mano y otra en la suya, la tomé de la mano, y le dije que se tranquilizara.

   Llegamos a cierto sitio, y la miré frente a frente, mientras sentía cómo la sangre destilaba de ambas manos, juntas, juntas para siempre...

   Y una y otra vez seguí repitiendo palabras en mi cabeza, no sabía por qué lo hacía, simplemente frases, recuerdos, unos tras otros. Una lágrima cruzó por mi mejilla.

   Le dije, “no utilizaré esto más”. Mientras lanzaba lejos el cuchillo que sostenía en mi otra mano; noté que ella lanzó un suspiro de alivio.

   Éstas palabras las escribo mientras ella aún está a mi lado.

   En unos momentos saltaremos al acantilado de al lado.

   Oh, creo que ella leyó eso, se está asustando.

   Te amo Samanta.

Por siempre juntos.

sábado, 12 de octubre de 2013

FALSO ESCAPE

FALSO ESCAPE

Relato Corto N#9

- ¿Qué haces, chico?

    Este hombre se acercó a mi, casi un anciano, de cabellos canosos y un acento español bien marcado.

- Pues señor, simplemente estoy sentando, pensando.

- Ya veo, pero en realidad me refería a eso. - Dijo mientras señalaba mi mano derecha.-

- ¿Esto? Esto es un mal hábito, que agarré hace algún tiempo ya. - Decía yo, mientras alzaba mi mano, que sostenía un cigarrillo.-

- ¿Por qué lo haces? ¿Te hace sentir más hombre, más interesante?

    Me sentí un poco incómodo por la pregunta, quizá un poco molesto. Ese sentimiento cambió al ver la mirada del señor, un tanto llena de preocupación; reí un poco.

- En realidad no..., sólo es un mal hábito, un método de relajación barato y factible.

 - Falsa relajación. - Dijo firmemente.-

Lo miré un poco extrañado.

- Lo digo con una base sólida, joven. Por experiencia propia. - Decía mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo, y lo prendía, mientras se sentaba a mi lado, en aquél maltrecho banco de madera del parque.-

- Explíquese.

- Piensa en el hecho de que todos los problemas “se van” en ese preciso momento en que se enciende. Pero al momento de consumirse...

Lo interrumpí

- Tienes que volver a la realidad.

- Exactamente. -Dijo con satisfacción en el rostro.-

- Los problemas no se van, simplemente se pausan. -

- Y al momento de volver, como es evidente, te sientes preocupado de nuevo.- Dijo él.-

- Y de ahí viene la adicción. - Dije, continuando la idea, soltando aquél humo blanco y enfermizo por la boca.-

Y nos quedamos mudos por un largo rato mientras se consumían lentamente los cigarrillos.

martes, 24 de septiembre de 2013

ME GUSTA | Monólogo N#12

ME GUSTA

    Me gustan los ambientes medio grises, esos en los cuales pasas el día entero con guantes calentitos puestos, cuando tu aliento simplemente se ve al respirar y parece humo de cigarrillo; me gustan los ambientes grises, esos en los cuales el aire es húmedo a causa de una llovizna continua que viene acompañada de raros llantos de risa en otro contorno más allá de lo imaginativo, más allá de lo que de verdad estoy pensando.

    Me gusta ver ese hilarante y hermoso vaivén en tu forma de caminar, que demuestra esas lindas curvas que sólo tú tienes, la pureza en la maldad. ¿Pero qué estoy diciendo? Aunque ya se acabó, aún lo veo así.

    Me gusta el color de tus labios delicados con ese pequeño color rojo y tenue en ellos; son carnosos, y cuando los toco con los míos o a veces los muerdo siento que el mundo se va de repente, que estoy sentado en una especie de vacío espacial donde no hay tiempo pero sólo estrellas, desafiando toda lógica igual que una energía estúpida creada de una imaginación de un eterno niño que nunca muere.

    Me gusta la risa de esos días tanto como el llanto.

    Me gusta escribir, versos, líneas o simples frases; me gusta escribir porque cuando lo hago te imagino, y a la vez te escribo a ti. Me gusta escribir porque cuando te escribo siento que no morirás y te quedarás viviendo conmigo entre todas mis líneas, eternamente, amándonos aunque ya no sea el sentimiento mutuo, en el “mundo real”, claro.

    Me gusta pensar que lo real es irreal y que al derecho es al revés, pensar en todas direcciones y al mismo tiempo sin un rumbo fijo, sólo pensar hasta sangrar la mente sin algún destello de cordura, sólo imagino y pienso acerca de todo hasta que duele y las lágrimas salen; pero las lágrimas no son más que la sangre que destila de la herida en esa misma imaginación.

    Me gusta hacer música, porque así no sólo vives entre textos sino también entre melodías, quizá como una simple frase, estrofa o coro, o como parte completa de la canción. Una canción dedicada a tanto pero tan poco tiempo.

    Me gusta el hecho de que aunque me resigné a olvidar, también me resigné a que será difícil, por lo tanto, disfrutaré estos últimos tiempos mientras aún te amo.

Me gustas.

Tú me gustas. “Mucho, mucho, mucho.”

miércoles, 4 de septiembre de 2013

CICLO | Monólogo N#11

CICLO

    Una vez son dos veces, a las vez tres. Cuatro en un ciclo; ciclo de cuartos, en idiomas distintos. Partes de un reloj en un sitio distinto velando de cerca los ciclos infinitos; una son dos y tres a la vez, cuatro si acerca y cinco al revés. Contar hasta diez al parecer cinco y seis, esperando hasta el ciclo del tiempo otra vez. Engranajes vacíos de tiempo al revés, adentro y afuera, contando otra vez; ciclo infinito, repetido una vez, dos veces y al final tres. Cuatro de un ciclo y ciclo de dos, el par y el impar son del perdedor, cinco y tres son del ganador, el ciclo infinito otra vez se repitió. Historias contadas y otras sin contar, se repiten y buscan otro final, hasta llegar al que puede pasar; ciclos inversos se van de lugar. Arena perdida, que muestra el tic tac de una aguja vacía mostrando dos más; rimas perdidas como el mismo reloj, mostrando una vez lo que el ciclo vació. Y comienza otra vez la perdición, el ciclo sin fin que nunca terminó; mostrando historias que no se sabrán y otros que al dos y al tres repetirán. Cinco vacío, el diez ganador, la serpiente murió. El ciclo infinito ya se terminó.

martes, 27 de agosto de 2013

KATHERINE | Relato Corto N#8

KATHERINE

    Yo tenía quince años, no tenía tamaño, para aquella mujer adulta de 22 años. Aquella que se acercaba acechando con sus labios el momento en que yo pusiera mi lado flaco; en aquél momento no es cuestión de un engaño, ella realmente vino y me tomó de la mano; me preguntó dulcemente: “¿Cómo te llamas, majo?” A lo que yo contesté: “Damián es mi nombre, un nombre de fiel esclavo”. Parecía española, pero con acento italiano, quizá de padres burgueses con un gusto refinado; ella rió de repente y me preguntó “¿Por qué esclavo?” yo sólo dije: “Así creo, pues no es el nombre de un santo”.

    Pareció interesarse en mi rareza, y me haló fuertemente del brazo, me dijo “me llamo Katherine” y me dio un beso en los labios. No sabía lo que hacía, la acababa de conocer; pero sólo un beso bastó para caer fervientemente a su pies.

    No me dejaba ir, no me dejaba saber, cuándo era de día o cuándo el anochecer. Simplemente supe que estaría bien, pues mi mente se retorcía cuando apenas la podía oler; no salía con mis amigos, a mis padres dejé de hablar. Todo por esa canalla que mi mente empezó a malograr; con unas simples caricias, con unos simples “te amo”. Fueron lo suficiente para que me convirtiera en una especie de desquiciado.

    Todo lo hacía por ella, con un sólo significado: El de darle una sonrisa, esa que tanto me ha gustado.

    Pero ahora todo ha pasado, ya no tengo quince años; ahora tengo 23 y ella está aún a mi lado.