domingo, 1 de febrero de 2015

MISERICORDIA DE MEDIANOCHE | Poema N#13



MISERICORDIA DE MEDIANOCHE

Sueños fugaces

Apetitos voraces

Sedientos sedimentos, pasto seco mugriento

Grietas que desertan desde el Reino del vacío

Apetitos desiertos sin un rumbo fijo

Y no dejan de volar las comillas en el mar,

Las uves digitales que nos enseñan a dibujar

Cuando aún somos niños de pañales y biberón

Y nos enseñan desde el cielo a no pedir perdón

Siempre nos vigilan los ángeles feroces

Aquellos temedores del amor preferencial

Pero no pueden actuar porque con sólo un pestañear

Dios los puede mandar a volar

La fe del predicador dejó de ser la fe del clérigo

Bendito sea el creador, pero malvados sus cimientos

Hipócritas manos de escarlata diciendo qué pensar

Porque al momento de procrear nos da miedo a Dios insultar

Me sabe a mierda lo que digan las religiones

Aunque Dios sea sólo uno y nos llene de perdones

Sus placeres inventados, todos llenados de dones

Se fueron al garrote

Por los sueños voraces

Y apetitos voladores

sábado, 31 de enero de 2015

LO QUE NO SÉ O TAL VEZ | Poema N#12



LO QUE NO SÉ O TAL VEZ

Lo que no sé o tal vez, de las cosas que alguna vez fueron

Lo que no sé o tal vez, de aquella llama del momento

Lo que no sé si será, un tal vez o un jamás

Lo que tal vez no será

Lo que no sé si vendrá

Y las cosas pasan, como los recuerdos fugaces

Y las cosas pasan

Lo que no sé si será

Y los versos que se fueron y marchitan florecerán

Reencarnando en nuevos versos que en un futuro vendrán

Ser o no ser, se dijo una vez

Porque tal vez, lo que no fue sí va a ser

Porque lo que no sé o tal vez

Alguna vez fue y volverá a ser

miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL PAYASO | Relato Corto N#11



EL PAYASO

El payaso asesino cuenta las navajas, las limpia. Le gusta sacar los pequeños coágulos que se forman después de una noche de trabajo.

El payaso asesino coloca los elementos necesarios, para cumplir su rutina una vez más. El payaso asesino se enfrasca en Beethoven mientras con la uña a través del pañuelo que sostiene limpia la sangre seca del filo.

El payaso asesino siente un escalofrío en la nuca, mientras la música va in crescendo…, y se derrama el alcohol de la emoción. El payaso asesino ahora enfureció. Limpia las navajas ahora sin dilación, con su traje, pues a éste le cayó alcohol. Brebaje marroncillo que en realidad no hace nada más que hervir la sangre dentro del vivo.

El payaso asesino piensa que no hay mejor limpiador que el ron. Compra una botella todos los días, después del trabajo, en el supermercado de 24 horas. Se sienta a pensar un rato mientras fuma un cigarrillo y se toma media botella, para luego empezar de nuevo con su faena.

El payaso asesino deja la ropa tirada, se mete en la ducha. Y mientras la sangre seca en su piel se combina con el maquillaje haciendo pinturas abstractas en el lienzo blanco del baño Beethoven está a todo volumen, las partes se hacen más rápidas; el payaso asesino gime de emoción y se ríe, extendiendo sus manos hacia arriba, incrementando el arte del baño.

El payaso asesino se seca y se acuesta, desnudo, y recuerda todo lo que ha hecho en sus años de experiencia. Cómo matar, malograr, cortar, mutilar, despellejar, degollar,  guillotinar. Con distintas navajas, distintos estilos. “El truco está en la muñeca” Dice para sus adentros, explicándole a un hijo imaginario justo después de cerrar los ojos. 
 
El payaso asesino se levanta de la cama, se mira al espejo, no hay maquillaje alguno, puede ver las marcas del pasado del trabajo. El payaso asesino camina por la casa, mientras la nutria se encoge y tiembla por el frío de la nevera, coge una tarta y se dispone a comerla.

El payaso asesino detalla su casa, un pequeño apartamento cercano a la terraza, con colores oscuros y pinturas de más payasos. Una mesa frente a la puerta de entrada y la habitación hacia un lado. Lado derecho, en frente el baño. En la mesa guarda sus instrumentos de trabajo.

El payaso asesino hizo algo que no estaba en su rutina. Se dispuso a pensar más allá del trabajo, parado frente al retrato de una familia de hace años, en un circo maltrecho, al lado de otros payasos.

El payaso asesino se cansó de la rutina. Beethoven ya no divierte, ahora es una agonía. Es hora de contar varios pasos hacia atrás, ver el pasado pasar sin poder pisar. Y se estanca en un llanto combinado de risa. El payaso asesino encontró una nueva melodía. Sintiendo de nuevo ese escalofrío en la nuca cuando el in crescendo de sus lágrimas se convierte en una catarata que inunda la habitación de más ambientes tensos, el payaso asesino no va a contar el cuento.

El payaso asesino caminó hacia una gaveta, tomó un revólver del fondo y lo apuntó dentro de su boca. “Esto no es mi estilo”, pensó el payaso asesino, arrojando el arma por la ventana, y viendo atrás el brillo de un filo.

“La navaja que guardaba, que nunca he utilizado” El payaso asesino ahora contrariado, se encuentra mirando la pared en busca de un abrazo, y vuelve a ver al pasado como si nada hubiera importado.

El payaso asesino se cansó de la rutina, piensa, “es hora de cambiarla”.

Ahora el payaso suicida se encuentra mirando al espejo. Mientras alza sus manos en alto, ahora está viendo el arma blanca. Empieza a temblar de locura, a reírse de su propio llanto. “Será como pelar una manzana” Se dijo para sus adentros.

El payaso asesino hincó la navaja en su cuello.

lunes, 29 de septiembre de 2014

INCANDESCENTE | Poema N#11



INCANDESCENTE

Me siento como un cigarro desbaratado a medio prender

Como si estuviese en un carro sin techo a punto de llover

Mientras las primeras gotas caen deprisa sin apurarse. Y el viento me da en la cara como un mal aliento de mañana

Las mañanas no esperan el contacto gris de tu mirada. Aunque me sigas mirando se convierten en cenizas de la nada

Y sigo esperando las nociones de lo que ves y alguna vez dijiste

Pero en realidad las agujas no llevan bien el conteo

El blanco y negro fueron sólo un recuerdo

Como un flash fundido de una cámara

Pero a la vez se paralizan las mañanas

Y la luz incandescente se torna inmóvil por más de mil años

Mil años en menos de seis meses prometidos

Una vida juntos. ¿Acaso somos niños?

No hay recuerdos de libros en blanco.

Pero los negros y los contraltos resuenan como gotas de blancas en una partitura muerta

Y sigo escribiendo las canciones sonadas

Pero ningunas me llevan al mañana. Sólo me quedo solo.

En un rincón sin tiempo al que el tiempo se lo llevan las miradas

Y el humo del pasado retuerce el pulmón del mañana

Donde un recuerdo que fue será siempre

Y las tardes recordadas darán paso a la muchedumbre

Aquella que me hizo recordarte hoy. Hoy y mañana, hoy y siempre.

Y el futuro retuerce. Pero la mente rebana.